Cuando el celular se convierte en la noticia

Por: Elsie Cruz

Vivimos una época en la que un celular puede convertir cualquier ciudadano en testigo, cualquier testimonio en titular y cualquier imagen en una noticia.

La inmediatez tiene enormes ventajas para el periodismo. Permite documentar hechos en tiempo real, acercar las historias a la audiencia y mostrar situaciones que antes podían pasar inadvertidas. Pero esa misma velocidad también encierra un riesgo: que la imagen sustituya al contexto y que el impacto termine imponiéndose sobre la verdad completa.

Una fotografía de una persona reclamando, un video de pocos segundos, una factura, una calle afectada o el testimonio de un ciudadano pueden ser absolutamente reales. El problema aparece cuando esa parte de la historia se presenta como si fuera la historia completa.

Ahí es donde comienza a desvirtuarse la realidad.

El sensacionalismo no necesariamente necesita inventar una noticia. A veces le basta con mostrar solamente aquello que provoca indignación, sorpresa, enojo o morbo, mientras quedan fuera elementos que permitirían comprender qué ocurrió realmente.

Y una verdad incompleta también puede convertirse en una forma de distorsión.

El periodismo tiene la responsabilidad de preguntar qué ocurrió antes, qué ocurrió después, cuáles son las causas, qué dicen los documentos, qué explica la parte señalada y cuáles son las circunstancias que rodean el hecho.

Porque escuchar a una persona contar su experiencia es importante. Pero también lo es verificarla.

Mostrar una factura elevada puede generar indignación. Pero conocer el consumo que originó esa factura puede cambiar completamente la comprensión del caso.

Mostrar una comunidad sin electricidad puede generar alarma. Pero saber si se trata de una avería, una intervención programada, una situación provocada por terceros o una emergencia también forma parte de la noticia.

Mostrar una denuncia es noticia.

Investigar la denuncia también lo es.

El problema surge cuando la necesidad de generar audiencia convierte el conflicto en el protagonista y la explicación en un elemento secundario.

Las redes sociales han profundizado este fenómeno. Hoy muchas noticias comienzan con un video enviado por WhatsApp, una publicación de Facebook, un comentario en Instagram o una grabación hecha con un teléfono. Esa información puede ser el punto de partida de una investigación periodística, pero no debería convertirse automáticamente en el punto final.

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