El fantasma de Gonzalo

POR ALBERTO QUEZADA

La insistencia de algunos sectores y grupos internos del Partido de la Liberación Dominicana en promover nuevamente a Gonzalo Castillo como proyecto presidencial para 2028 no responde a un clamor popular ni necesariamente a una mayoría dentro del partido. 

Responde a una lucha de supervivencia política. A un intento desesperado de ciertos grupos por conservar cuotas de poder perdidas tras la derrota de 2020.

Hay corrientes dentro del PLD que no ven a Gonzalo como un fenómeno electoral. Lo ven como un mecanismo de protección interna. 

Un muro de contención frente a posibles liderazgos nuevos que podrían desmontar viejas estructuras y desplazar operadores históricos acostumbrados a controlar candidaturas, recursos y decisiones.

Para esos sectores, Gonzalo representa seguridad. 

Es una figura conocida, vinculada al modelo político donde muchos todavía conservan influencia. 

Por eso algunos insisten en reciclar su candidatura, aun cuando su imagen pública sigue marcada por cuestionamientos judiciales y el desgaste de una derrota contundente.

Detrás de esa insistencia también existe un fenómeno psicológico profundo. Muchos dirigentes quedaron políticamente huérfanos después de perder el poder. 

Durante años construyeron su identidad alrededor del control del Estado, el acceso institucional y la capacidad de repartir influencia. 

La derrota no solo les quitó posiciones; les desmontó una forma de hacer política. En ese escenario, aferrarse a Gonzalo funciona como refugio emocional y como intento de revivir el último momento donde todavía se sentían fuertes.

A eso se suma la vieja cultura del padrinazgo político dominicano. Dentro de ciertas estructuras partidarias, la lealtad muchas veces no se construye sobre ideas, sino sobre relaciones de dependencia, favores y conveniencias.

 Para muchos operadores internos, Gonzalo sigue simbolizando recursos, maquinaria y capacidad operativa.

El problema es que esos grupos siguen leyendo el país con una lógica vieja.

 Confunden control partidario con respaldo social. Y ahí está su gran error.

La sociedad dominicana cambió. Hoy el electorado desconfía más, castiga más rápido y tolera menos las sombras del pasado. 

Por eso, mientras algunos sectores del PLD siguen apostando al fantasma de Gonzalo Castillo, lo que realmente proyectan no es fortaleza política, sino miedo a desaparecer.

El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo. quezada.alberto218@gmail.com

Related posts

Energía y Minas aclara cuestionamientos sobre exasesor vinculado a GoldQuest

Presidente Luis Abinader entrega remodelado Club Los Cachorros de Cristo Rey con inversión de RD$54 millones

Dajabón domina la Zona Cibao-Norte en el Atletismo Escolar INEFI 2026