Por: Miguel Rivera – Analista Político
La República Dominicana se encuentra hoy en una encrucijada peligrosa. Mientras los tambores de guerra en Medio Oriente disparan los precios del petróleo y amenazan con pulverizar el presupuesto de las familias dominicanas, la respuesta que emana del Palacio Nacional es, cuando menos, desconcertante. Tras las recientes reuniones del alto mando oficialista con sectores empresariales y líderes de la oposición, surge una duda razonable: ¿Cuenta realmente el Gobierno con un equipo técnico capaz de articular un plan, o está el Presidente navegando esta tormenta en absoluta soledad institucional?
Los hechos de los últimos días son reveladores. La visita de la comisión de «alto nivel» —integrada por figuras clave como José Ignacio Paliza, Eduardo (Yayo) Sanz Lovatón y el Ministro Magín Díaz— al expresidente Danilo Medina fue presentada como un gesto de madurez. Sin embargo, lo que debió ser una mesa de trabajo técnica terminó pareciendo una visita de cortesía sin contenido. El propio Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha sido tajante: el Gobierno fue a pedir opiniones, pero no llevó un solo documento, una métrica o una propuesta de contingencia bajo el brazo.
Esta orfandad de ideas no es solo una crítica de la oposición. La Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), un sector vital para la estabilidad, ha manifestado con claridad que, a pesar de los diálogos, aún no conocen un plan estatal concreto para enfrentar el impacto de los combustibles y el inminente aumento del costo de la vida.
¿Dónde están las proyecciones de ahorro energético? ¿Cuál es la estrategia de seguridad alimentaria frente al alza de los fletes? El Presidente Abinader suele dar la cara y comunicar, pero la gestión de una nación no puede ser un espectáculo unipersonal. Un mandatario necesita un equipo y sucesores capaces de traducir la preocupación en políticas públicas ejecutables.
El escenario de los presidenciables: ¿Madera de líderes o solo redes sociales?
Esta coyuntura crítica representa, además, el escenario perfecto para que los llamados «presidenciables» del partido de gobierno demuestren de qué están hechos. Hasta ahora, el país ha visto abundancia de videos bien editados en redes sociales, discursos de intención y presencia en eventos proselitistas. Sin embargo, manejar los destinos de una nación requiere mucho más que mercadeo político; requiere capacidad de gestión en tiempos de caos.
Aquí tienen el escenario servido: la crisis está golpeando la puerta. Es el momento de que esos aspirantes muestren a la sociedad dominicana que cuentan con la madera necesaria para tomar decisiones difíciles y presentar soluciones técnicas viables. ¿Quién de ellos sacará la cara con una propuesta sólida? ¿Quién dará un paso al frente con un plan que alivie el bolsillo del ciudadano, más allá de la sombra protectora del Presidente? Si en este momento de apremio se limitan al silencio o a la retórica vacía, quedará claro que su liderazgo es más cosmético que real.
La crisis del Medio Oriente es externa, pero la falta de preparación y la ausencia de propuestas de quienes aspiran a dirigirnos es una responsabilidad interna. Ya no basta con fotos de reuniones y llamados a la unidad nacional. Es hora de que el equipo técnico y los rostros que buscan el poder demuestren que el país tiene un norte claro.
Y que no se olviden de un detalle fundamental: en la otra cancha hay figuras con 12 y 8 años de experiencia de Estado que ya saben lo que es lidiar con los hilos del poder. Es a ustedes, los que hoy ostentan el cargo y los que aspiran a heredarlo, a quienes les toca ganarse la confianza de un pueblo que no espera cortesía ni videos de Instagram, sino un plan y líderes a la altura de las circunstancias.