¿Humor? Esto es tragedia humana. Es confusión de roles. Es obstinación. Es falta de amor propio. Es, inclusive, dolor. Es soledad. Es dependencia emocional. Es necesidad de encajar, de pertenecer. Es drama. Y si sobra algo, llamémosle humor negro, ácido. Irónico. Entonces, sólo entonces, a partir de ahí podemos interpretar, entender de qué va “Los amigos de ellos dos”.
Dos almas perturbadas: Nico (Nicolás) y Liza, quienes manejan sus inseguridades y sus miserables vidas disfrazadas de lealtad amistosa ante la pareja de amigos exitosos que, en el fondo y sin darse cuenta, envidian hasta la locura.
Bajo esta premisa se presenta “Los amigos de ellos dos”, una puesta en escena tan intensa como alucinante. Una vorágine de emociones que penden de lo ridículo, a lo dramático, sin que el espectador tenga demasiado chance para percibir las transiciones de los personajes.
Hony Estrella y Vicente Santos, bajo la batuta de Judith Rodríguez en la dirección, se entregan a un texto con un alto contenido psicológico, visibilizando temas de carácter social y, por qué no, de salud mental; de relaciones sociales que la propuesta decora con diálogos cargados de ironía y sarcasmo en su máxima expresión.
Ellos dos, en escena, como actores, demuestran madurez, histrionismo, técnica. Vicente se nos revela como un humorista excepcional, de esos que logran sacar las risas más desternilladas, aun cuando el subtexto sea una tragedia al mejor estilo griego; mientras Hony, chispeante, vivaz, dando notas altas, agudas, esquizofrénicamente contradictorias, logran una impresionante química y complicidad de equipo en escena.
Esta sinergia de ambos actores contribuye con la recepción del auditorio del trabajo entregado por los artistas, entonces, el ambiente durante la puesta en escena se vuelve agradable, digerible y se agradece el producto.
En esto hay que reconocer el trabajo en la dirección de Judith. Ella acostumbrada a estar del mismo lado que los protagonistas de la obra, asume este rol, esta responsabilidad que puede convertirse en un arma de doble filo en su pujante carrera artística, sin embargo, sale airosa.
La teatralidad de la obra es contemporánea. Los elementos técnicos de vestuario, música, sonidos, la iluminación, el decorado minimalista y las actuaciones potentes, agudas por momentos, descomplicadas a ratos conforman el paquete ideal para motivarnos a dejar la comodidad de nuestros hogares e ir al teatro.
A pesar de uno que otro trastabille casi imperceptibles en algunos los parlamentos, tanto la dirección de Judith, como las actuaciones de los actores, esta pieza teatral es una acumulación de emociones y reflexiones de principio a fin.
Es, sin lugar a dudas, un producto poderoso en el que se cuentan situaciones que por muy cotidianas que resulten ser, no se deben ni validar, ni callar y, en la mayoría de los casos, lo pertinente es tratarlas profesionalmente para evitar tragedias.
El teatro local inicia un año revelador. Esta pieza deja un listón alto. Entrega un contenido maduro, adulto, doloroso, perturbador, pero, sobre todo, muy humano desde el punto de vista de la aceptación de la realidad social que muchas veces algunas personas, en este caso, una pareja, se niegan a aceptar y dejan que todo se les vaya de las manos.
El equipo técnico es grande, desde la producción que comparten Hony Estrella e Ismael Almonte, hasta la musicalización de José Andrés Molina; la dirección de vestuario de Ángela Luna, la asistencia de dirección de Mary Helen Ferrerira, la asistencia de producción de Norisleydi Ortiz y Reina Leonela, la dirección escenográfica de Ángela Bernal, el diseño de luces de Alicia Tactuk, el maquillaje de Ellis Mesa, la voz en off de Maiah Díaz y las traducciones en lenguaje de señas de Vladimir Feliz Mateo y Sonia Encarnación.
Según relataron sus productores y elenco de actores y directora, es la primera vez que en la sala Ravelo del Teatro Nacional, donde sigue presentándose la obra este fin de semana, se realiza la traducción de los diálogos en el lenguaje de señas. Y quien suscribe aporta: éste es un gran paso en pos de la inclusión.