“Pericoti”: teatro infantil que canta por la libertad

Los días 30 y 31 de mayo, la Sala La Dramática del Palacio de Bellas Artes se llenó de música, color y conciencia ambiental con “Pericoti”. Bajo la dirección y producción de Ruth Emeterio, esta obra infantil y musical pone sobre el escenario un tema urgente: la preservación de los recursos naturales y una crítica clara al cautiverio de aves exóticas y especies endémicas. Sin sermones, la pieza habla directo al corazón de niños y adultos.

La historia gira alrededor de “Pericoti”, un perico endémico de la República Dominicana que vive encerrado en una jaula. Su dueña, Clotilde, intensa y ruidosa, representa esa costumbre tan común de tener aves silvestres como adorno en casa. Pericoti no está solo: desde fuera de los barrotes lo acompañan sus amigos Abejino, una abeja inquieta; Bayahíbe, inspirada en la flor nacional; Cigüita, la cigua palmera; y Pablito, personaje que evoca a Juan Pablo Duarte y funciona como la voz que explica y enseña durante toda la obra.

Lo que hace especial a Pericoti es cómo mezcla canciones pegajosas con diálogos llenos de valores. La dramaturgia y composición de Eddie Ochoa logra que cada tema musical deje un mensaje: cuidar el agua, respetar la flora, entender que los animales no son juguetes. Los niños cantan, se ríen y aplauden, pero también se llevan a casa una idea que los persigue: la libertad no se negocia. El texto es sencillo, directo y no subestima al público infantil.

El elenco funciona con frescura. Erika Martínez asumió el rol de Pericoti en la función del domingo 31, dándole ternura y rebeldía al ave que sueña con volar. Nathalie Santos, como Clotilde, construye una dueña exagerada y graciosa, pero que nunca cae en la caricatura vacía: es el reflejo de muchos adultos que no ven el daño que hacen. El elenco infantil se roba escenas completas. Wendolyn Ventura Rodríguez como Bayahíbe, Sherley Rodríguez López como Cigüita, Nolan Deshommes como Abejino y Joel Durán Naranjo como Pablito, mostraron dominio escénico y una conexión genuina con el público.

La dirección de Ruth Emeterio apuesta por un montaje ágil. No hay escenografía recargada ni efectos innecesarios. La fuerza está en los actores, la música y el mensaje. La sala La Dramática, íntima y cercana, ayudó a que los niños se sintieran parte de la historia. Cada vez que Pablito explicaba por qué la cigua palmera es el ave nacional o por qué la Bayahíbe es símbolo del país, el público guardaba silencio. Eso, en teatro infantil, es un logro.

«Pericoti» entretiene. y también cuestiona. Pone en evidencia lo absurdo de encerrar a un ave que nació para cruzar montañas. La obra confía en que un niño puede entender que la naturaleza se respeta, no se enjaula. Ese es su mayor acierto: hablar de conservación desde el juego, la música y la emoción. Es teatro con propósito, pero sin dejar de ser teatro.

Con funciones el sábado 30 y domingo 31 de mayo, #Pericoti» demostró que el teatro infantil dominicano puede ser divertido, bien hecho y necesario. Ruth Emeterio y Eddie Ochoa entregan una pieza redonda que debería recorrer escuelas y festivales. Porque mientras haya un Pericoti en una jaula, habrá una historia que contar. Y mientras haya niños dispuestos a cantar por su libertad, habrá esperanza para nuestra flora y fauna.

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