Opinión
Esta semana, en Transición energética en República Dominicana: ¿cuánto vale el show? , analizamos las relaciones entre el crecimiento económico y la disponibilidad de energía, para identificar los retos importantes del sector energía a corto y mediano plazo en la necesidad de seguir acompañando la agenda de crecimiento económico esbozada por el presidente Abinader.
De acuerdo con los datos del BCRD, entre 2013 y 2023, la economía dominicana acumuló un crecimiento excepcional de +61.20% (de forma real), equivalente a un ritmo promedio de crecimiento interanual de +4.89%.
Durante este mismo período, las matrices energéticas publicadas por la CNE y OLADE indican que el consumo final de energía, medido anualmente en barriles equivalente petróleo (bep), pasó de 41.29 millones (2013) a 56.04 millones (2023), o sea un crecimiento acumulado de un +35.7%, lo que equivale a decir que este consumo final de energía creció apenas a un 58% del ritmo de crecimiento de la economía.
El crecimiento económico proyectado no se producirá sin un fuerte crecimiento de la oferta energética porque, desde los primeros momentos de la humanidad, la energía es el motor principal de la economía; en este sentido, el alto costo del dinero seguirá siendo un freno al desarrollo de mayores inversiones en el sector, y más en momentos cuando el subsector distribución de electricidad sigue llevándose más de RD$100 mil millones anuales del presupuesto del gobierno central debido a pérdidas anuales de las EDES en torno a los US$1,700 millones.
Muchas gracias de antemano por su lectura, redifusión, y por supuesto, sus acostumbrados comentarios.
Por Alberto Quezada
La política dominicana vive una enfermedad que no se detecta en laboratorios, pero que corroe silenciosamente el alma nacional: la infiltración del dinero sucio en los espacios del poder.
No se trata de un virus ni de una bacteria, sino de una contaminación más profunda: la de las conciencias. Narcos con discursos de progreso, riferos disfrazados de filántropos, lavadores con títulos de empresarios y testaferros con trajes de demócratas desfilan impunemente hacia las urnas, comprando legitimidad al mejor postor.
Lo más grave no es su presencia, sino la naturalidad con que los recibimos. Las instituciones los toleran, los partidos los promueven y una parte de la ciudadanía los aplaude. Hemos hecho del cinismo una costumbre, y de la corrupción, un paisaje.
Los partidos políticos, lejos de ser guardianes de la ética, se han convertido en puertas giratorias del poder económico. Las candidaturas se venden como mercancía, los filtros morales están rotos y las estructuras de control —esas que deberían proteger la democracia— funcionan como coladores dañados que dejan pasar al corrupto y retienen al ingenuo.
La política, que debería ser la ciencia del bien común, se ha transformado en un mercado de favores donde el dinero ilícito compra credenciales de decencia. Ya no hablamos de casos aislados: vivimos dentro de un sistema inmunodeficiente, una institucionalidad sin anticuerpos, incapaz de distinguir entre el servidor público y el servidor del crimen.
Las leyes existen, pero la ética no se legisla. Y mientras los organismos de control fingen ceguera o la venden al mejor postor, el país se hunde en una peligrosa resignación colectiva. La impunidad se ha vuelto rutina, y la esperanza, un lujo.
La pandemia de la corrupción no se cura con decretos ni con comisiones. Se combate con carácter, con instituciones que funcionen, con ciudadanos que no vendan su voto y con partidos que recuperen la vergüenza.
Porque, al final, el dinero sucio no solo compra conciencias: compra silencios, compra miedo, y termina comprando el futuro. Y un país que vende su futuro deja de ser una nación para convertirse en un negocio.
El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo.quezada.alberto218@gmail.com
Del derecho a la manipulación: el riesgo de usar la ley como arma por Nolberto Batista
El derecho debería ser un escudo, algo que nos proteja a todos por igual y que equilibre las relaciones en la sociedad. Pero muchas veces se convierte en otra cosa, en un instrumento que algunos usan para presionar, retrasar decisiones o ganar ventaja. Y cuando eso sucede, la justicia deja de sentirse justa.
Lo más preocupante es cómo estas prácticas afectan la vida de las personas. Procesos que deberían resolverse con rapidez se eternizan, recursos que deberían estar disponibles se bloquean, familias y empresas se ven atrapadas en conflictos interminables. Todo esto termina generando desconfianza, no solo hacia quienes actúan mal, sino hacia el sistema en sí. La justicia deja de ser un refugio y se siente como un laberinto lleno de obstáculos invisibles.
El poder económico, la influencia o la posición social no deberían cambiar nada de esto. Cada vez que el derecho se usa para manipular, se envía un mensaje silencioso pero potente: algunos tienen privilegios que otros no. Y esa percepción erosiona algo esencial en cualquier sociedad: la fe en que todos somos iguales ante la ley.
No se trata de señalar a personas o casos concretos, sino de mirar con honestidad lo que ocurre cuando se permite que la ley se convierta en un arma. Cada abuso deja una huella, y cuando estas huellas se acumulan, la confianza pública se debilita, y con ella, la misma idea de justicia.
Si queremos que la justicia cumpla su propósito, debemos recordarnos a nosotros mismos que la ley es de todos y para todos. Que su valor no está solo en los códigos o los tribunales, sino en cómo la respetamos y defendemos cada día.
Cuando se olvida esto, todos perdemos, porque la justicia deja de ser un derecho y se convierte en una herramienta que puede inclinarse hacia quien tenga más poder.
La reflexión es simple pero profunda: proteger la justicia no es solo tarea de jueces y abogados, es responsabilidad de todos. Y sólo cuando cada uno de nosotros comprende el peso de la ley y la respeta, podemos esperar que la justicia vuelva a ser ese escudo que debería ser.
Nolberto Batista.
El presidente Luis Abinader participó este jueves en la inauguración de la 81.ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), donde afirmó que “un gobierno que teme a la prensa, teme a la verdad” y que el propósito de su administración es proteger el derecho a informar y a ser informado, garantizando un entorno de respeto, seguridad y ética profesional.
En un llamado a fortalecer la democracia y la transparencia, el mandatario destacó la importancia de una prensa libre y responsable en la construcción de una sociedad más justa y próspera.
“Sin prensa libre, no hay transparencia; sin transparencia, no hay confianza; y sin confianza, la democracia se desvanece”, enfatizó Abinader durante su discurso en la 81.ª Asamblea General de la SIP en Punta Cana, la cual se extenderá durante cuatro días.
El presidente también resaltó la importancia de fomentar el debate y la crítica constructiva, al considerar que:
“Una sociedad democrática y madura no teme al debate, lo fomenta. No silencia la diferencia, la escucha. No censura la crítica, la transforma en oportunidad de mejora”.
Asimismo, subrayó que la defensa de la verdad es fundamental para la democracia y que el periodismo libre y riguroso es esencial para combatir la desinformación y el caos informativo.
Defender la verdad es tarea de patriotismo
“Defender la verdad no es una tarea menor: es una forma de patriotismo cívico, una defensa de la razón frente al ruido y de la democracia frente al fanatismo”, señaló.
Finalmente, Abinader concluyó que la libertad de prensa es un camino que se construye día a día y que requiere confianza y respeto mutuo.
“Mientras en este país se escuche una voz libre, se publique una verdad valiente y se respete una opinión distinta, podremos decir con orgullo que la libertad vive entre nosotros”, afirmó.
Por su parte, el presidente de la SIP, José Roberto Dutriz, alertó sobre los desafíos que enfrenta el periodismo en la región, destacando el discurso de estigmatización que obliga a algunos periodistas a trabajar desde el exilio.
Dutriz enfatizó que la defensa de la libertad de prensa requiere presencia y citó ejemplos del deterioro de la situación de la prensa en países como Cuba, Nicaragua y El Salvador.
A pesar de los desafíos, aseguró que el periodismo tiene futuro si sabe reinventarse y defender la integridad de la información como pilar de la democracia. “Sin periodismo independiente no hay democracia”, enfatizó.
En este sentido, llamó a defender la libertad de prensa y a garantizar que los periodistas puedan ejercer su labor sin temor a represalias ni censura.
La semana pasada se desmenuzaron las proyecciones del Producto Interno Bruto (PIB) y del tipo de cambio (US$ vs. RD$) contenidas en el nuevo Marco Macroeconómico Plurianual 2025-2029 (MMP) del Ministerio de Hacienda y Economía (MHE) y del Banco Central de la República Dominicana (BCRD) y que sirve como base para elaborar el proyecto de ley de presupuesto de ingresos y gastos para el año 2026.
De manera general, se revisaron a la baja las proyecciones, tanto para 2025 como para 2026, destacando los valores siguientes:
• En cuanto a crecimiento económico, se proyecta ahora un crecimiento real de un +3.00% para 2025 y de +4.50% para 2026. Como resultado, el tamaño del PIB nominal alcanzaría un valor de RD$7,968,099.0 millones para 2025, equivalente a un crecimiento de +7.63% por encima del valor de RD$7,402,888.5 millones al cierre oficial de 2024; mientras se proyecta un valor de RD$8,659.730.0 millones para 2026, lo que proyecta entonces un crecimiento nominal de un +8.68% para 2026. Traducido a US$, el PIB nominal en US$ alcanzaría un valor de US$128,424.4 millones, al cierre de 2025, equivalente a un crecimiento de +3.36% por encima del valor de US$124,254.4 millones al cierre ya oficial de 2024; mientras para el año 2026, lo que sería el Presupuesto 2026 contemplaría entonces un crecimiento nominal de +2.95%, para alcanzar un nuevo nivel récord de US$132,209.6 millones (2026), prácticamente el doble del tamaño de la economía dominicana en 2014 (US$67,091.4 millones).
• En el caso del tipo de cambio (promedio) del dólar estadounidense en RD$, de seguro la variable económica más volátil juntamente con las cotizaciones del petróleo, mientras el Presupuesto 2025 proyectaba un valor promedio de RD$63.11, fue revisado ahora a la baja a RD$62.05, equivalente a una devaluación promedio de +4.14% vs. el promedio de RD$59.58 del año 2024. Se proyecta para 2026 un valor promedio de RD$65.50, equivalente a una apreciación de +5.57% encima de los RD$62.05 en que cerraría ahora en 2025.

En cuanto a la tasa de inflación, estos son los principales cambios a las tres métricas más relevantes para medir la evolución de la inflación en 2025 y 2026:
• En el caso de la Inflación Promedio, se trata del indicador de mayor significancia ya que mide todos los meses de un período dado (a diferencia de la medición de diciembre que solamente captura la variación de punta a punta). El dato confirma el adecuado control de las autoridades monetarias: mientras en el Presupuesto 2025, se proyectaba que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) promedio alcanzaría +4.00%, el nuevo MMP bajó ahora a +3.50% la nueva proyección para el año 2025. Es interesante señalar que la última lectura disponible para este indicador es de +3.47% a agosto 2025. Para el año 2026, el nuevo MMP contempla una ligera aceleración de la inflación de +3.50% (2025) a +3.80% (2026), sin embargo, por debajo de las proyecciones de junio 2025 que contemplaban una inflación promedio de +4.00% para 2026. De cumplirse la proyección de fuerte contracción en las cotizaciones internacionales del petróleo que implicaría sensibles disminuciones en los precios domésticos de los principales combustibles, la inflación promedio de 2026 pudiese quedarse algo por debajo del +3.80% actualmente proyectado.
• En el caso de la inflación a diciembre (o de punta a punta), mientras el Presupuesto 2025 proyectaba también una tasa de +4.00% (igual a la inflación promedio), el nuevo MMP bajó ahora a +3.70% la nueva proyección para el año 2025, muy similar a la última lectura disponible de +3.72% a agosto 2025. Para el año 2026, el nuevo MMP contempla una ligera aceleración de la inflación de +3.70% (2025) a +4.00% (2026), sin cambio con las proyecciones de junio 2025. Una posible disminución en los precios de los combustibles permitiría cerrar 2026 más cerca de +3.00% que de +4.00%.
• Finalmente, en el caso del deflactor del PIB, se trata de un indicador de alta relevancia ya que sirve para convertir los valores nominales del PIB en RD$ a los valores de los índices de volumen para calcular el PIB real. En 2024, este indicador tuvo un valor de +4.27%, o sea ligeramente superior a la inflación promedio (+3.50%) o a la inflación de punta a punta (+3.35%). Las diferencias son normales ya que el Deflactor cubre un rango mucho más extenso de actividades económicas no incluidas por definición en los cálculos del indice de precios al consumidor (IPC). Para 2025, el nuevo MMP subió ahora de +4.00% (Presupuesto 2025) a +4.50% la nueva proyección para el año 2025; mientras para 2026, proyecta una reducción a +4.00% para 2026.
En cuanto a las cotizaciones del oro, debido al extraordinario boom en las cotizaciones del metal precioso, cada publicación de un nuevo MMP ha sido la oportunidad para revisar muy fuertemente al alza las proyecciones: mientras el precio promedio del oro en 2024 alcanzó un valor promedio de US$2,387.70/onza , y el presupuesto 2025 contemplaba apenas un valor promedio de US$2,548.40/onza, la primera revisión de marzo 2025 lo elevaba a US$2,976.79, y la segunda revisión de junio 2025 lo llevaba hasta US$3,250.00/onza, o sea +27.5% por encima de la proyección inicial del Presupuesto 2025.
Ahora bien, este nuevo MMP revisa prudentemente el nuevo promedio para llevarlo hasta US$3,363.60/onza en 2025 y US$3,467.80/onza para 2026. Tomando en cuenta que las cotizaciones del oro ya superaron los US$3,800/onza en esta última semana de septiembre 2025, y que firmas como Goldman Sachs o JP Morgan proyectan valores arriba de US$4,000/onza para 2026, es razonable pensar que hay espacio para unas sorpresas muy positivas para las cuentas fiscales y la balanza de pagos nuevamente en 2026, al igual a lo ocurrido en 2025: inicialmente, el Presupuesto 2025 proyectaba que las recaudaciones derivadas de la explotación de la mina de oro de Pueblo Viejo en Cotuí alcanzarían en torno a unos RD$12,519.0 millones, sin embargo los datos de la Dirección de Impuestos Internos (DGII) a agosto 2025 muestran que, gracias estas alzas en las cotizaciones internacionales del oro, se habían recaudado un total de RD$19,816.3 millones en tan solo 8 meses, equivalente a un enorme crecimiento de +154.8% por encima de los RD$7,778.0 millones recaudados en el mismo período de 8 meses en 2024.
En el caso de las cotizaciones del petróleo, hasta el momento 2025 fue una excelente sorpresa positiva para la economía dominicana: mientras el precio promedio del barril de West Texas Intermediate (WTI) en 2024 alcanzó un valor promedio de US$76.60, y el presupuesto 2025 contemplaba un valor promedio de US$81.30, la primera revisión de marzo 2025 lo bajaba a US$70.70, y a su vez la segunda revisión de junio 2025 lo reducía a US$61.90, o sea -23.8% por debajo de la proyección inicial del Presupuesto 2025.
Ahora, si bien este nuevo MMP revisa prudentemente al alza el nuevo promedio del barril para llevarlo a US$63.60 finalmente para 2025, es mucho más relevante considerar que, en línea con las expectativas de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, los precios del petróleo sufrirían una muy fuerte baja en 2026, al caer su valor promedio de US$63.60 (2025) a tan solo US$47.80 (2026).
De cumplirse este muy optimista escenario, sospechamos que no todos los impactos positivos de esta eventualidad (recortes en subsidios, baja en inflación, mayor crecimiento del PIB, y fortalecimiento del RD$ por menor factura petrolera) habrán sido incluidos en la primera versión oficial del Presupuesto 2026 que acaba de aprobar el consejo de ministros.
Por Alberto Quezada
A tres años de las próximas elecciones presidenciales, la pregunta que empieza a tomar fuerza en los círculos políticos es: ¿tiene Leonel Fernández posibilidades reales de crecer y ganar en 2028?. La respuesta, aunque matizada, apunta a que sí hay espacio, pero condicionado a transformaciones profundas.
En la actualidad, la Fuerza del Pueblo (FP) mantiene un lugar estable como segunda fuerza política electoral, según diversas encuestas. Algunas mediciones, como la de ACD Media (julio 2025), colocan a Fernández con alrededor de 19.8 % de preferencia, detrás de David Collado (PRM) con 25.3 %. Aunque no lidera, se mantiene competitivo.
Este posicionamiento se sostiene por una base electoral sólida, pero limitada: sectores adultos, conservadores, y parte de la clase media tradicional. Sin embargo, esa fidelidad no ha logrado expandirse hacia el voto joven ni hacia los sectores urbanos emergentes, que hoy son decisivos en cualquier contienda.
Uno de los mayores obstáculos que enfrenta la FP es el alto nivel de rechazo hacia Leonel Fernández, que ronda el 27–30 % según varias encuestas. A esto se suma el desgaste natural de su figura tras tres periodos presidenciales y una narrativa que muchos consideran anclada en el pasado.
A pesar de esto, Leonel sigue siendo el líder preferido dentro de su partido, con un respaldo interno que supera el 70 %. Pero en el escenario nacional, otras figuras como su hijo, Omar Fernández, gozan de mayor aceptación fuera del núcleo duro de la FP. Esto plantea un dilema estratégico: insistir con el liderazgo tradicional o abrirse a una renovación generacional que permita conectar con otros públicos.
En cuanto al contexto político, el gobierno del PRM empieza a acumular desgaste, sobre todo en temas como el alto costo de vida, los escándalos por presunta corrupción y la sensación de estancamiento económico. Si esa tendencia se profundiza, la FP podría beneficiarse, siempre que logre posicionarse como una alternativa viable y renovada, no solo como el “pasado conocido”.
En definitiva, Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo tienen posibilidades de crecer, pero no garantizadas. Para aspirar al poder en 2028, deberán reducir el rechazo, sumar nuevos votantes, modernizar su discurso y abrir el juego político a liderazgos emergentes. Si no lo hacen, quedarán atrapados en el mismo lugar: relevantes, pero insuficientes para gobernar.
El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo.quezada.alberto218@gmail.com