Miguel Rojas Agosto
Esta semana, en Transición energética en República Dominicana: ¿cuánto vale el show? , analizamos las relaciones entre el crecimiento económico y la disponibilidad de energía, para identificar los retos importantes del sector energía a corto y mediano plazo en la necesidad de seguir acompañando la agenda de crecimiento económico esbozada por el presidente Abinader.
De acuerdo con los datos del BCRD, entre 2013 y 2023, la economía dominicana acumuló un crecimiento excepcional de +61.20% (de forma real), equivalente a un ritmo promedio de crecimiento interanual de +4.89%.
Durante este mismo período, las matrices energéticas publicadas por la CNE y OLADE indican que el consumo final de energía, medido anualmente en barriles equivalente petróleo (bep), pasó de 41.29 millones (2013) a 56.04 millones (2023), o sea un crecimiento acumulado de un +35.7%, lo que equivale a decir que este consumo final de energía creció apenas a un 58% del ritmo de crecimiento de la economía.
El crecimiento económico proyectado no se producirá sin un fuerte crecimiento de la oferta energética porque, desde los primeros momentos de la humanidad, la energía es el motor principal de la economía; en este sentido, el alto costo del dinero seguirá siendo un freno al desarrollo de mayores inversiones en el sector, y más en momentos cuando el subsector distribución de electricidad sigue llevándose más de RD$100 mil millones anuales del presupuesto del gobierno central debido a pérdidas anuales de las EDES en torno a los US$1,700 millones.
Muchas gracias de antemano por su lectura, redifusión, y por supuesto, sus acostumbrados comentarios.
Por Alberto Quezada
La política dominicana vive una enfermedad que no se detecta en laboratorios, pero que corroe silenciosamente el alma nacional: la infiltración del dinero sucio en los espacios del poder.
No se trata de un virus ni de una bacteria, sino de una contaminación más profunda: la de las conciencias. Narcos con discursos de progreso, riferos disfrazados de filántropos, lavadores con títulos de empresarios y testaferros con trajes de demócratas desfilan impunemente hacia las urnas, comprando legitimidad al mejor postor.
Lo más grave no es su presencia, sino la naturalidad con que los recibimos. Las instituciones los toleran, los partidos los promueven y una parte de la ciudadanía los aplaude. Hemos hecho del cinismo una costumbre, y de la corrupción, un paisaje.
Los partidos políticos, lejos de ser guardianes de la ética, se han convertido en puertas giratorias del poder económico. Las candidaturas se venden como mercancía, los filtros morales están rotos y las estructuras de control —esas que deberían proteger la democracia— funcionan como coladores dañados que dejan pasar al corrupto y retienen al ingenuo.
La política, que debería ser la ciencia del bien común, se ha transformado en un mercado de favores donde el dinero ilícito compra credenciales de decencia. Ya no hablamos de casos aislados: vivimos dentro de un sistema inmunodeficiente, una institucionalidad sin anticuerpos, incapaz de distinguir entre el servidor público y el servidor del crimen.
Las leyes existen, pero la ética no se legisla. Y mientras los organismos de control fingen ceguera o la venden al mejor postor, el país se hunde en una peligrosa resignación colectiva. La impunidad se ha vuelto rutina, y la esperanza, un lujo.
La pandemia de la corrupción no se cura con decretos ni con comisiones. Se combate con carácter, con instituciones que funcionen, con ciudadanos que no vendan su voto y con partidos que recuperen la vergüenza.
Porque, al final, el dinero sucio no solo compra conciencias: compra silencios, compra miedo, y termina comprando el futuro. Y un país que vende su futuro deja de ser una nación para convertirse en un negocio.
El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo.quezada.alberto218@gmail.com
La semana pasada se desmenuzaron las proyecciones del Producto Interno Bruto (PIB) y del tipo de cambio (US$ vs. RD$) contenidas en el nuevo Marco Macroeconómico Plurianual 2025-2029 (MMP) del Ministerio de Hacienda y Economía (MHE) y del Banco Central de la República Dominicana (BCRD) y que sirve como base para elaborar el proyecto de ley de presupuesto de ingresos y gastos para el año 2026.
De manera general, se revisaron a la baja las proyecciones, tanto para 2025 como para 2026, destacando los valores siguientes:
• En cuanto a crecimiento económico, se proyecta ahora un crecimiento real de un +3.00% para 2025 y de +4.50% para 2026. Como resultado, el tamaño del PIB nominal alcanzaría un valor de RD$7,968,099.0 millones para 2025, equivalente a un crecimiento de +7.63% por encima del valor de RD$7,402,888.5 millones al cierre oficial de 2024; mientras se proyecta un valor de RD$8,659.730.0 millones para 2026, lo que proyecta entonces un crecimiento nominal de un +8.68% para 2026. Traducido a US$, el PIB nominal en US$ alcanzaría un valor de US$128,424.4 millones, al cierre de 2025, equivalente a un crecimiento de +3.36% por encima del valor de US$124,254.4 millones al cierre ya oficial de 2024; mientras para el año 2026, lo que sería el Presupuesto 2026 contemplaría entonces un crecimiento nominal de +2.95%, para alcanzar un nuevo nivel récord de US$132,209.6 millones (2026), prácticamente el doble del tamaño de la economía dominicana en 2014 (US$67,091.4 millones).
• En el caso del tipo de cambio (promedio) del dólar estadounidense en RD$, de seguro la variable económica más volátil juntamente con las cotizaciones del petróleo, mientras el Presupuesto 2025 proyectaba un valor promedio de RD$63.11, fue revisado ahora a la baja a RD$62.05, equivalente a una devaluación promedio de +4.14% vs. el promedio de RD$59.58 del año 2024. Se proyecta para 2026 un valor promedio de RD$65.50, equivalente a una apreciación de +5.57% encima de los RD$62.05 en que cerraría ahora en 2025.

En cuanto a la tasa de inflación, estos son los principales cambios a las tres métricas más relevantes para medir la evolución de la inflación en 2025 y 2026:
• En el caso de la Inflación Promedio, se trata del indicador de mayor significancia ya que mide todos los meses de un período dado (a diferencia de la medición de diciembre que solamente captura la variación de punta a punta). El dato confirma el adecuado control de las autoridades monetarias: mientras en el Presupuesto 2025, se proyectaba que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) promedio alcanzaría +4.00%, el nuevo MMP bajó ahora a +3.50% la nueva proyección para el año 2025. Es interesante señalar que la última lectura disponible para este indicador es de +3.47% a agosto 2025. Para el año 2026, el nuevo MMP contempla una ligera aceleración de la inflación de +3.50% (2025) a +3.80% (2026), sin embargo, por debajo de las proyecciones de junio 2025 que contemplaban una inflación promedio de +4.00% para 2026. De cumplirse la proyección de fuerte contracción en las cotizaciones internacionales del petróleo que implicaría sensibles disminuciones en los precios domésticos de los principales combustibles, la inflación promedio de 2026 pudiese quedarse algo por debajo del +3.80% actualmente proyectado.
• En el caso de la inflación a diciembre (o de punta a punta), mientras el Presupuesto 2025 proyectaba también una tasa de +4.00% (igual a la inflación promedio), el nuevo MMP bajó ahora a +3.70% la nueva proyección para el año 2025, muy similar a la última lectura disponible de +3.72% a agosto 2025. Para el año 2026, el nuevo MMP contempla una ligera aceleración de la inflación de +3.70% (2025) a +4.00% (2026), sin cambio con las proyecciones de junio 2025. Una posible disminución en los precios de los combustibles permitiría cerrar 2026 más cerca de +3.00% que de +4.00%.
• Finalmente, en el caso del deflactor del PIB, se trata de un indicador de alta relevancia ya que sirve para convertir los valores nominales del PIB en RD$ a los valores de los índices de volumen para calcular el PIB real. En 2024, este indicador tuvo un valor de +4.27%, o sea ligeramente superior a la inflación promedio (+3.50%) o a la inflación de punta a punta (+3.35%). Las diferencias son normales ya que el Deflactor cubre un rango mucho más extenso de actividades económicas no incluidas por definición en los cálculos del indice de precios al consumidor (IPC). Para 2025, el nuevo MMP subió ahora de +4.00% (Presupuesto 2025) a +4.50% la nueva proyección para el año 2025; mientras para 2026, proyecta una reducción a +4.00% para 2026.
En cuanto a las cotizaciones del oro, debido al extraordinario boom en las cotizaciones del metal precioso, cada publicación de un nuevo MMP ha sido la oportunidad para revisar muy fuertemente al alza las proyecciones: mientras el precio promedio del oro en 2024 alcanzó un valor promedio de US$2,387.70/onza , y el presupuesto 2025 contemplaba apenas un valor promedio de US$2,548.40/onza, la primera revisión de marzo 2025 lo elevaba a US$2,976.79, y la segunda revisión de junio 2025 lo llevaba hasta US$3,250.00/onza, o sea +27.5% por encima de la proyección inicial del Presupuesto 2025.
Ahora bien, este nuevo MMP revisa prudentemente el nuevo promedio para llevarlo hasta US$3,363.60/onza en 2025 y US$3,467.80/onza para 2026. Tomando en cuenta que las cotizaciones del oro ya superaron los US$3,800/onza en esta última semana de septiembre 2025, y que firmas como Goldman Sachs o JP Morgan proyectan valores arriba de US$4,000/onza para 2026, es razonable pensar que hay espacio para unas sorpresas muy positivas para las cuentas fiscales y la balanza de pagos nuevamente en 2026, al igual a lo ocurrido en 2025: inicialmente, el Presupuesto 2025 proyectaba que las recaudaciones derivadas de la explotación de la mina de oro de Pueblo Viejo en Cotuí alcanzarían en torno a unos RD$12,519.0 millones, sin embargo los datos de la Dirección de Impuestos Internos (DGII) a agosto 2025 muestran que, gracias estas alzas en las cotizaciones internacionales del oro, se habían recaudado un total de RD$19,816.3 millones en tan solo 8 meses, equivalente a un enorme crecimiento de +154.8% por encima de los RD$7,778.0 millones recaudados en el mismo período de 8 meses en 2024.
En el caso de las cotizaciones del petróleo, hasta el momento 2025 fue una excelente sorpresa positiva para la economía dominicana: mientras el precio promedio del barril de West Texas Intermediate (WTI) en 2024 alcanzó un valor promedio de US$76.60, y el presupuesto 2025 contemplaba un valor promedio de US$81.30, la primera revisión de marzo 2025 lo bajaba a US$70.70, y a su vez la segunda revisión de junio 2025 lo reducía a US$61.90, o sea -23.8% por debajo de la proyección inicial del Presupuesto 2025.
Ahora, si bien este nuevo MMP revisa prudentemente al alza el nuevo promedio del barril para llevarlo a US$63.60 finalmente para 2025, es mucho más relevante considerar que, en línea con las expectativas de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, los precios del petróleo sufrirían una muy fuerte baja en 2026, al caer su valor promedio de US$63.60 (2025) a tan solo US$47.80 (2026).
De cumplirse este muy optimista escenario, sospechamos que no todos los impactos positivos de esta eventualidad (recortes en subsidios, baja en inflación, mayor crecimiento del PIB, y fortalecimiento del RD$ por menor factura petrolera) habrán sido incluidos en la primera versión oficial del Presupuesto 2026 que acaba de aprobar el consejo de ministros.
Por Alberto Quezada
A tres años de las próximas elecciones presidenciales, la pregunta que empieza a tomar fuerza en los círculos políticos es: ¿tiene Leonel Fernández posibilidades reales de crecer y ganar en 2028?. La respuesta, aunque matizada, apunta a que sí hay espacio, pero condicionado a transformaciones profundas.
En la actualidad, la Fuerza del Pueblo (FP) mantiene un lugar estable como segunda fuerza política electoral, según diversas encuestas. Algunas mediciones, como la de ACD Media (julio 2025), colocan a Fernández con alrededor de 19.8 % de preferencia, detrás de David Collado (PRM) con 25.3 %. Aunque no lidera, se mantiene competitivo.
Este posicionamiento se sostiene por una base electoral sólida, pero limitada: sectores adultos, conservadores, y parte de la clase media tradicional. Sin embargo, esa fidelidad no ha logrado expandirse hacia el voto joven ni hacia los sectores urbanos emergentes, que hoy son decisivos en cualquier contienda.
Uno de los mayores obstáculos que enfrenta la FP es el alto nivel de rechazo hacia Leonel Fernández, que ronda el 27–30 % según varias encuestas. A esto se suma el desgaste natural de su figura tras tres periodos presidenciales y una narrativa que muchos consideran anclada en el pasado.
A pesar de esto, Leonel sigue siendo el líder preferido dentro de su partido, con un respaldo interno que supera el 70 %. Pero en el escenario nacional, otras figuras como su hijo, Omar Fernández, gozan de mayor aceptación fuera del núcleo duro de la FP. Esto plantea un dilema estratégico: insistir con el liderazgo tradicional o abrirse a una renovación generacional que permita conectar con otros públicos.
En cuanto al contexto político, el gobierno del PRM empieza a acumular desgaste, sobre todo en temas como el alto costo de vida, los escándalos por presunta corrupción y la sensación de estancamiento económico. Si esa tendencia se profundiza, la FP podría beneficiarse, siempre que logre posicionarse como una alternativa viable y renovada, no solo como el “pasado conocido”.
En definitiva, Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo tienen posibilidades de crecer, pero no garantizadas. Para aspirar al poder en 2028, deberán reducir el rechazo, sumar nuevos votantes, modernizar su discurso y abrir el juego político a liderazgos emergentes. Si no lo hacen, quedarán atrapados en el mismo lugar: relevantes, pero insuficientes para gobernar.
El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo.quezada.alberto218@gmail.com
Por: Dr. Miguel Rojas Agosto
Sin disciplina no hay militancia, sin militancia no hay transformación, y sin transformación seguiremos cargando la herencia del desencanto.
En un artículo anterior hablé de la herencia pesada que cargamos como sociedad y cómo la esperanza muchas veces termina convertida en frustración ciudadana. Hoy quiero dar un paso más: esa herencia solo puede superarse si asumimos la política con disciplina, convicción y respeto a las normas si en efecto aspiramos a una transformación profunda. Sin disciplina no hay militancia, sin militancia no hay transformación, y sin transformación seguiremos cargando la herencia del desencanto.
En mi experiencia profesional he aprendido que la disciplina salva vidas. Un paciente con una patología crónica que respeta su tratamiento, cuida su dieta y mantiene el ejercicio puede vivir con calidad por décadas. Pero quien cede a la excusa y a la comodidad, termina pagando un alto precio en salud, e incluso con su vida. Lo mismo ocurre en la política: sin disciplina, sin normas y sin organización, ningún proyecto sobrevive.
Ser parte de un partido político no es un pasatiempo ni una posee en redes sociales. Es y debe ser una responsabilidad que exige sacrificio, constancia y lealtad. Así como los médicos pasamos noches de guardia para garantizar la atención de un paciente, un verdadero militante debe estar dispuesto a dar tiempo y energía para que la causa avance. No hay medicina sin estudio ni entrega, tampoco hay política seria sin militancia disciplinada.
Lo digo con franqueza la indisciplina es la enfermedad más peligrosa dentro de una organización. Un militante que ignora la dirección, que desconoce la jerarquía o que busca atajos personales, pone en riesgo el esfuerzo colectivo. En el área de la salud lo veo cada día, un paciente que abandona las indicaciones de su médico no solo fracasa el, arrastra también a su familia al sufrimiento. En política un solo eslabón débil puede quebrar una cadena.
Las jerarquías en las organizaciones políticas no son caprichos son la columna vertebral de cualquier proceso. En un quirófano nadie duda quien dirige la cirugía, cada quien cumple su rol y gracias a esa claridad se salva una vida. En política respetar la jerarquías no significa renunciar a pensar, significa multiplicar fuerzas a través del orden. Quien rompe esa disciplina abre las puertas al caos y a la derrota.
La militancia es en esencia, un entrenamiento. Así como los médicos pasamos años en formación antes de asumir la vida de un paciente, el militante debe aprender, formarse y someterse a un proceso riguroso. No hay espacio para la improvisación. Las organizaciones que se construyen sin disciplina, sin mística, sin procedimientos, se derrumban en el primer choque con la realidad.
Hoy necesitamos militantes políticos de acero, no de papel. Militantes que sepan respetar, resistir, y que entender que la política no es un juego de vanidades, sino un compromiso de vida. La disciplina que salva al paciente en medicina es la misma que puede salvar a un país entero. Quien no lo entienda así, terminará siendo parte de la herencia del desencanto.
POR ALBERTO QUEZADA/
En un momento decisivo para la política dominicana, la reciente postulación de Víctor D»Aza como precandidato presidencial por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) aporta un nuevo elemento a la contienda electoral que se avecina.
Su anuncio llega en un contexto donde la ciudadanía demanda liderazgos capaces, propuestas concretas y un compromiso real con la transparencia y la modernización del Estado.
El PRM, que llegó al poder en 2020 con la promesa de cambio y mejor gestión, enfrenta ahora el desafío de consolidar su proyecto en medio de críticas por problemas como la corrupción y la inseguridad ciudadana.
En este escenario, el proceso interno para elegir al candidato presidencial ha cobrado especial relevancia, con varias figuras pugnan por liderar la opción oficialista en las próximas elecciones.
Víctor D»Aza, reconocido principalmente por su trayectoria en el sector privado y su involucramiento en proyectos públicos relacionados con la innovación y el desarrollo económico, busca presentarse como una opción fresca dentro del partido.
Su discurso se centra en modernizar la administración pública, impulsar la digitalización y generar empleo formal, aspectos que podrían conectar con sectores jóvenes y profesionales que anhelan un cambio de estilo en la política dominicana.
No obstante, encara D»Aza el reto de demostrar que, más allá de un perfil técnico y empresarial, posee la experiencia política necesaria para enfrentar las complejidades de un sistema partidario con profundas raíces y dinámicas tradicionales.
La competencia interna dentro del PRM es intensa, con aspirantes que cuentan con bases electorales consolidadas y un mayor reconocimiento en la arena política.
Además, su candidatura suscita el debate sobre el rol de los empresarios en la política nacional.
Mientras algunos valoran la capacidad gerencial y la visión estratégica que pueden aportar, otros advierten sobre posibles vínculos con intereses privados que podrían comprometer el interés público.
El éxito de Víctor D»Aza dependerá en gran medida de su habilidad para construir alianzas dentro del partido y ofrecer un plan detallado y viable que responda a los desafíos que enfrenta la República Dominicana: la lucha contra la corrupción, la desigualdad social, y la necesidad de un crecimiento económico sostenible.
En definitiva, su aparición inyecta un aire de expectativa y puede contribuir a enriquecer el debate electoral. La ciudadanía tendrá la última palabra para determinar si Víctor D»Aza representa una verdadera opción de renovación o si se suma a la lista de figuras que buscan capitalizar el deseo de cambio sin la preparación suficiente para liderarlo.
El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Residente en Santo Domingo.quezada,alberto218@gmail.com
Como mujer, madre y ciudadana, me preocupa que la corrupción se persiga en los periódicos y no en los tribunales.
A veces me pregunto si el Pepca recuerda para qué existe. Y lo digo con toda claridad: la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa no es un medio de comunicación, es un órgano judicial. Sin embargo, parece que en más de una ocasión se ha sentado a esperar que sean los periodistas quienes destapen lo que debería ser objeto de investigación penal.
El periodismo de investigación cumple un rol vital en una democracia. Gracias a sus reportajes, la sociedad se entera de verdades incómodas, de irregularidades que el poder pretende ocultar y de abusos que no deberían repetirse. Ese periodismo nos abre los ojos y nos recuerda que no estamos indefensos frente a quienes creen que pueden hacer lo que quieran con el Estado.
Pero el periodismo tiene límites. Los periodistas no pueden allanar oficinas ni domicilios, no pueden incautar bienes, no pueden interrogar bajo juramento ni, mucho menos, someter a alguien ante un tribunal. Los periodistas visibilizan; el Ministerio Público judicializa. Son dos roles distintos y necesarios, pero nunca intercambiables.
Como madre, me duele pensar que mientras se juega a la política con la corrupción, el país que le estamos dejando a nuestros hijos es uno donde la impunidad se normaliza. ¿Qué mensaje reciben ellos cuando ven que los casos salen en los periódicos, pero nunca llegan a los tribunales? ¿Qué futuro podemos esperar si la justicia parece opcional?
Como mujer y como ciudadana, me preocupa que el Pepca, en lugar de liderar la lucha contra la corrupción, actúe como espectador de lo que publican los medios. Porque cuando una institución con tanto poder legal depende de titulares de prensa para actuar, lo que hay no es falta de pruebas, sino falta de voluntad.
Y ahí está el verdadero problema: sin voluntad, ninguna ley sirve. Podemos tener códigos, tribunales y fiscales, pero si no hay decisión de actuar, todo se queda en papel. Y mientras tanto, los corruptos se sienten protegidos, y los ciudadanos, indefensos.
No confundamos los roles:
• Los periodistas destapan y visibilizan.
• El Pepca investiga, judicializa y persigue penalmente.
Cuando esa diferencia se borra, lo que se debilita no es la prensa ni la justicia: lo que se debilita es la confianza de la sociedad en el Estado.
Yo no me resigno a heredarle a mis hijos un país donde la corrupción se denuncia en los periódicos, pero nunca se condena en los tribunales. La prensa es indispensable, pero la justicia es irrenunciable. Y mientras el Pepca no entienda eso, la pregunta seguirá siendo la misma: ¿qué futuro nos queda?
Winnie Rodríguez
Comunicadora | Comunicación Digital | Consultora Política
En nuestras entregas de las dos semanas anteriores, el análisis sobre los niveles de la deuda pública y el pesado costo de su servicio mostró la evolución siguiente:
• El monto de la deuda (o stock de deuda) del Sector Público No Financiero (SPNF) pasó de US$24,153.7 millones al cierre del año 2015 a un valor de US$60,885.2 millones a julio de 2025 (última cifra publicada por la Dirección General de Crédito Público, con lo que esta deuda se incrementó en US$36,800.6 millones, o sea un crecimiento acumulado de un 152.4% en un período de un poco más de nueve años y medio, lo que equivale a un promedio diario de unos US$10.61 millones;
• El monto de la deuda del Sector Público Consolidado (SPC), a su vez, pasó de US$30,643.3 millones al cierre del año 2015 a un valor de US$74,894.6 millones a julio de 2025, con lo que esta deuda consolidada se incrementó en US$44,251.3 millones, o sea un crecimiento acumulado de un 144.4% en un período de un poco más de nueve años y medio, lo que equivale a un promedio diario de unos US$12.76 millones;
• Como porcentaje del PIB, la deuda del SPNF que se encontraba en 34.0% del producto interno bruto (PIB) al cierre de 2015, ha crecido de manera acumulada en 12.7 puntos para situarse en 46.7% a julio 2025, luego de haber sufrido un extraordinario incremento de 16.2 puntos por culpa del covid-19, al pasar de 40.4% del PIB (2019) a 56.6% (2020); esto quiere decir que si bien se logró reducir en prácticamente 10 puntos el nivel de la deuda entre 2020 y la fecha de hoy, no se había podido recuperar los niveles prepandemia, lo que pareciera indicar que el covid terminó costando a la economía dominicana en torno a 6 puntos de PIB;
• Los intereses de la deuda (incluyendo los pagos de intereses del Gobierno al Banco Central -BCRD-, así como las transferencias corrientes a este mismo BCRD) pasaron de RD$144,890 millones (2019) a unos RD$333,490 millones (Presupuesto 2025); en otras palabras, se han disparado en un poco más de 130% en un período de seis años;
• Producto de lo anterior, este pago de intereses de la deuda, al medirlo como porcentaje del PIB, se ha disparado, al pasar de un 3.17% (2019) a un 4.15% (Presupuesto 2025); y, similarmente, al medirlo como porcentaje de los ingresos, este servicio pasó de un 21.9% (2019) a un 26.9% (2024);
• Finalmente, comparando este enorme y creciente compromiso que representa el pago de los intereses de la deuda con la composición del gasto total, se ve que la inversión en Educación (RD$309,600 millones en el Presupuesto del presente año 2025), por primera vez en la historia presupuestaria de la República Dominicana, se quedó por debajo del pago de los intereses, y peor aún, a este servicio de la deuda (que ni siquiera incluye la amortización de capital) se le está dedicando ahora el equivalente a prácticamente dos años y medio del presupuesto del sector Salud (RD$137,360 millones).
Ahora bien, la lectura del proyecto de Modificación del Presupuesto 2025 o presupuesto reformulado es ilustración adicional que los grados de libertad del Estado son cada vez más limitados: en momentos cuando el Estado busca reactivar la economía con medidas contra cíclicas, esta composición del gasto (y la limitación de los ingresos) obliga a que este gasto adicional (RD$69,740.2 millones) se traduce por un incremento del déficit fiscal más allá de los umbrales recomendados (no más del 3.0% del PIB), proyectándose que el déficit fiscal alcance finalmente un 3.5% del PIB en 2025.
De hecho, de los RD$69,740.2 millones que idealmente ayudarán a reacelerar el crecimiento, unos RD$22,000 millones realmente no podrán cumplir este rol, ya que, de esos, RD$20,000 millones incrementan las transferencias corrientes a las empresas estatales de distribución eléctrica, llevando a cerca de RD$103,000 millones el compromiso estatal de cubrir las pérdidas de las EDE; y otros RD$2,000 millones para garantizar el congelamiento de los principales combustibles.
Ahora bien, de los RD$47,700 millones restantes, se van a dedicar RD$35,500 millones para incrementar el gasto de capital que inicialmente se había presupuestado en RD$176,000 millones, lo que tendría un efecto multiplicador hacia el resto de la economía, siempre y cuando se logre la ejecución de estas partidas adicionales en el poco tiempo que quede de aquí a finales del año 2025.
Para articular un ambicioso proyecto de reformas estructurales alrededor de lo que se pudiese denominar “Transformación Fiscal para la Inclusión Social y la Aceleración Productiva”, se tendrán que buscar respuestas consensuadas a las siguientes preguntas:
• ¿Cuál debe ser el nivel ideal de déficit fiscal para la República Dominicana, tomando en cuenta que los niveles actuales en torno al 3.0% del PIB parecen ser el techo por encima del cual se empiezan a deteriorar rápidamente los indicadores de la deuda como porcentaje del PIB o de los intereses como porcentaje de los ingresos; habría de hilar más delgado, pero asumiría que niveles comprendidos entre 1.5% y 2% permitirían bajar el peso relativa de la deuda, especialmente si viene acompañado de la aceleración del PIB potencial en torno al 6% para poder lograr duplicar el tamaño de la economía en los próximos 15 años;
• ¿Cuál debe ser el objetivo de presión tributaria adecuada para la República Dominicana? En este caso, la comparación con los pares a nivel regional indica una brecha de unos 4.5 puntos para poder alcanzar un nivel de 19.7% del PIB (promedio de ocho países de Latinoamérica de acuerdo a la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe -CEPAL-); y no menos importante, en cuanto tiempo alcanzar esta meta, probablemente un período entre 10 y 15 años;
• ¿Cuál debe ser el objetivo en término de gastos públicos, como porcentaje del PIB? nuevamente, el benchmarking publicado por la CEPAL nos dice que, en 2024, el gasto público de los 16 principales países de Latinoamérica andaba en 21.7% del PIB, indicando una brecha promedio de unos 2.7 puntos; o sea, apuntar a ingresos del 19.7% y gastos del 21.7% equivale a un déficit fiscal en torno a un 2%, muy sensiblemente por debajo del 3.5% donde cerraría el año 2025 reformulado.
• ¿Cuál debería ser una mejor distribución y composición de este gasto público? A la vez será necesario reducir unos gastos, para poder incrementar otros (gasto social, y por supuesto gastos de capital).
Del lado de la reducción: bajar en no menos de un 80% las transferencias al sector eléctrico (lo que liberaría cerca del 1% del PIB anualmente) es alcanzable pero tomaría unos 10 años además de muy fuertes inversiones en redes durante los primeros cinco años de una Reforma Fiscal.
Y no menos importante es lograr reducir el peso relativo de los intereses de la deuda, en este sentido Moody’s, en su reciente informe que mejoró la calificación de riesgo del país, indicaba que los países que comparan con la República Dominicana tienen una carga de intereses en torno al 12% de los ingresos, mientras la CEPAL reseñaba que en 2024, los pares de Latinoamérica solo le dedican en promedio un 2.9% del PIB (frente al 4.15% de República Dominicana).
Esto indica que para lograr igualar a los pares se liberaría el equivalente al 30% de los compromisos actuales; esto no se logra si la República Dominicana no alcanza rápidamente el grado de inversión en el ámbito internacional, grado que no se puede obtener sin reformas estructurales, incluyendo una para los pagos de intereses del gobierno central al BCRD, así como las transferencias corrientes al mismo BCRD.
Por Dra. Stephanie Molina Veloz
Oftalmóloga con alta especialidad en cirugía plástica ocular
La mirada es una de las expresiones más poderosas del rostro humano. A través de los ojos transmitimos emociones, vitalidad y seguridad. Sin embargo, existen condiciones médicas que pueden alterar esa armonía natural. Una de ellas es la ptosis palpebral, término médico que se utiliza para describir el descenso anormal del párpado superior. Aunque muchas veces se asocia con un problema estético, la realidad es que la ptosis puede tener consecuencias importantes en la visión, llegando a limitar el campo visual y a producir incomodidad en la vida cotidiana.
La ptosis puede presentarse en cualquier etapa de la vida. En la infancia suele ser de origen congénito, es decir, el niño nace con un músculo elevador del párpado que no se desarrolló de manera adecuada. En estos casos no solo se altera la simetría facial, sino que existe un riesgo real de desarrollar ambliopía, conocida popularmente como “ojo perezoso”, una condición que afecta el desarrollo visual y que puede dejar secuelas permanentes si no se trata a tiempo. En la adultez, la forma más frecuente es la llamada ptosis aponeurótica, generalmente asociada al envejecimiento natural o a cirugías oculares previas. También existen causas neurológicas, musculares, traumáticas y mecánicas, lo que significa que cada caso debe estudiarse de manera individual para poder llegar al diagnóstico correcto.
El examen clínico detallado es fundamental. El especialista en cirugía plástica ocular evalúa parámetros muy precisos como la altura de la hendidura palpebral, la función del músculo elevador, la posición del globo ocular y la calidad de la superficie ocular. En algunos pacientes, sobre todo cuando hay sospecha de enfermedades neurológicas o musculares, es necesario solicitar estudios complementarios como resonancias magnéticas, pruebas de conducción nerviosa o análisis específicos que permitan descartar condiciones más complejas como la miastenia gravis.
El tratamiento de la ptosis es, en la mayoría de los casos, quirúrgico. Existen distintas técnicas, y la elección depende principalmente de dos factores: la causa de la caída del párpado y la fuerza que conserve el músculo elevador. Cuando la ptosis es aponeurótica, lo habitual es reintegrar o reforzar la aponeurosis que conecta el músculo con el párpado, logrando que recupere su altura natural. En los niños con buena función muscular, se realiza una resección que fortalece el músculo elevador. En aquellos pacientes, niños o adultos, cuya fuerza muscular es mínima, se recurre a la suspensión frontal, un procedimiento en el que se conecta el párpado al músculo frontal de la frente para que este último ayude a levantarlo. Dependiendo del caso, esta suspensión puede realizarse con tejido del propio paciente o con materiales sintéticos biocompatibles.
En los últimos años han surgido técnicas mínimamente invasivas que ofrecen soluciones más rápidas en casos seleccionados, con buenos resultados estéticos y funcionales. Sin embargo, ninguna técnica debe considerarse universal: la cirugía debe ser personalizada, pensada en función de cada paciente, de su edad, de su estado visual y de sus expectativas.
El proceso no termina en el quirófano. El seguimiento postoperatorio es esencial para garantizar el éxito del tratamiento. Durante las revisiones se pueden detectar y corregir complicaciones como pequeñas asimetrías, sobre corrección o sequedad ocular. El objetivo final siempre es doble: devolver la función visual y restaurar la armonía estética de la mirada.
Más allá de la estética, es importante recordar que la ptosis palpebral puede comprometer seriamente la visión. Muchos pacientes, sobre todo adultos, no son conscientes de que la fatiga visual, los dolores de cabeza o la sensación de tener que “levantar las cejas” constantemente para ver mejor pueden deberse a un párpado caído. En los niños, la situación es aún más delicada, ya que la falta de estímulo visual adecuado en los primeros años de vida puede condicionar el desarrollo visual de manera irreversible.
En conclusión, la ptosis palpebral es una condición frecuente, pero a menudo subestimada. No se trata únicamente de un problema estético, sino de una patología que puede afectar la calidad de vida y la salud visual. El diagnóstico temprano, el abordaje quirúrgico adecuado y el seguimiento cercano permiten obtener resultados altamente satisfactorios, tanto en términos de visión como de apariencia. Consultar con un especialista en cirugía plástica ocular es el primer paso para devolverle a la mirada su plenitud, combinando salud, funcionalidad y belleza.