Hay un teatro que no busca sorprender con artificios, sino con la precisión de lo que se dice en voz alta por primera vez. “Sin pedir permiso” y “Me embaracé a los 40” pertenecen a esa línea. Son distintas en su arquitectura, pero comparten una decisión: devolverle a la experiencia femenina el centro del escenario sin mediaciones ni disculpas.
Tania Báez y Evelyna Rodríguez sacaron tiempo, sus respectivos tiempos, para escribir sobre sus experiencias de vida. Ellas son conscientes, no son dramaturgas. Son mujeres. Tienen voz. Tienen incidencia social y mediática y las aprovechan para visibilizar realidades, para desmitificar prejuicios. Para compartir.
La primera se hizo acompañar en la dirección y la revisión de su texto por Waddys Jáquez, quien además la dirige.
La segunda optó por una generación de talento artístico más reciente: Javich Peralta en la dirección y Virgilio Burgos en la revisión literaria. Todas y todos ganaron.
“Sin pedir permiso” se construye desde la polifonía. Cinco actrices de generaciones distintas entran y salen como variaciones de una misma pregunta. Carla Hernández, Rosmery Herrand, Pamela Sued, Tania Báez y Milagros Germán no interpretan personajes aislados, sino cortes de tiempo en la vida de una mujer.
La dirección de Waddys mantiene el pulso rápido para que el confesionario no se vuelva autoindulgente. El humor aquí es bisturí: corta para que duela menos, pero deja la marca visible.
Evelyna Rodríguez elige el camino contrario. Sola en escena, sostiene el monólogo con una economía de recursos que es su mayor mérito. No hay artificios que distraigan.
El trabajo actoral se mide en matices: cómo pasa de la carcajada al quiebre sin caer en el melodrama, cómo convierte datos médicos y presión social en materia dramática sin perder ligereza. No interpreta a un personaje, interpreta una decisión, y esa decisión se vuelve colectiva cuando el público reconoce sus propios miedos en su relato.
Socialmente, una expande y la otra concentra. La obra de Báez traza un mapa amplio de maternidad bajo presión, divorcio, independencia financiera, edadismo y reinvención. Busca que nadie se sienta sola en su malestar.
La de Rodríguez entra en un solo tabú y lo desarma con cercanía. No pretende abarcarlo todo, pretende que lo que abarca se pueda decir sin bajar la voz.
La recepción confirma el vínculo. El sold out anticipado de “Sin pedir permiso” y el lleno sostenido de “Me embaracé a los 40” muestran una demanda por historias que hablen directo, sin paternalismos. El público no busca lecciones, busca reconocimiento. Y cuando la escena habla en femenino sin pedir permiso, el silencio colectivo se rompe.
En cartelera. Tania y su grupo de amigas se presentarán nuevamente el 31 de julio y el 1 y 2 de agosto en la sala Manuel Rueda de las Escuelas de Bellas Artes. Evelyna busca nuevas fechas para continuar su periplo de presentaciones.